domingo, 20 de julio de 2008

Jonas Brothers

Por donde van crean tumultos, corridas, gritos histéricos y hasta algunos desmayos. En pocos meses tomaron a los Estados Unidos por asalto en una campaña combinada de música, TV y actuaciones en vivo. Son los hermanos Kevin, Joe y Nick Jonas, un trío de cenicientas que gracias a la varita mágica del Disney Channel pasaron de ser un grupo, Jonas Brothers, sin demasiada repercusión a un fenómeno con características muy similares a las de High School Musical.
La banda, formada por estos hijos de un pastor pentecostal que ahora es su representante, parece diseñada en el departamento de marketing del imperio Disney, pero no. Los tres chicos buenos de Nueva Jersey que iban a la iglesia, amaban la música y daban bien en las fotos resultaron una combinación hecha en el cielo del mundo del espectáculo para tweens. O, lo que es lo mismo, los chicos, especialmente chicas, casi adolescentes que todavía no dejaron atrás las muñecas. Ese público que transformó a High School Musical de un pequeño telefilm en una maquinaria global que no para nunca ahora tiene un nuevo sabor a su disposición.
En Estados Unidos, el segundo disco de Jonas Brothers, el primero que editan con el sello hermano de Disney Hollywood Records y que en la Argentina distribuye Universal, lleva vendidas más de un millón de copias allá y acá la suma es más modesta pero notable para la venta local: más de 68.000 copias del disco que se lanzó primero en febrero y de nuevo en versión recargada, con DVD incluido, en abril.
Así, aunque todavía los síntomas no se manifestaron con toda la intensidad de la que son capaces, lo cierto es que la jonasmanía ya llegó a la Argentina. Alcanza con darse una vuelta por la señal de cable Disney Channel para sospechar que algo está sucediendo con Kevin, 20 años (guitarrista), Nick, 15 años (guitarrista y pianista), y Joseph, 18 años, el cantante y galán indiscutido del grupo, al que todos conocen como Joe. Primero aparecieron en algún capítulo de Hanna Montana , la serie que catapultó la carrera de Miley Cyrus, esa quinceañera cuyo éxito duró exactamente un verano del Norte, pero a la que tanto le deben los Jonas. Es que cuando la chica estaba en boca y oídos de todos los adolescentes norteamericanos salió de gira y se llevó al trío con ella. Entonces, mientras un éxito estaba en marcha, otro comenzaba a construirse para el siguiente año. En 2008 los que apostaron sus fichas a los Jonas ya comenzaron a cobrar sus ganancias. El campamento del amor
El mejor indicador de que la conquista global está a la vuelta de la esquina para los Jonas fue conseguir su propio telefilm de Disney. Se llama Camp Rock y se estrenó en la TV norteamericana el 20 de junio. Con 8,9 millones de espectadores se transformó en el programa de cable más visto de 2008 y en la segunda película más vista en la historia del canal detrás de la segunda parte de High School Musical. El estreno en la Argentina se espera para los primeros días de agosto aunque la banda de sonido ya se consigue en las disquerías. La historia que cuenta Camp Rock es sencilla: Mitchie, una chica muy talentosa pero tímida, interpretada por la nueva promesa del canal, Demi Lovato, quiere participar de un campamento de verano en el que se formaron grandes estrellas de rock. Una vez allí la chica se da cuenta de que entre canción y canción hay muchas peleas, amistades nuevas y la posibilidad de conocer a Shane Gray (Joe Jonas), un caprichoso ídolo de la canción que termina como instructor del campamento cuando sus hermanos y compañeros de banda se niegan a seguir soportando sus desplantes.
La fórmula no tiene secretos: canciones + bailes y algo de romance muy inocente. El resultado es otro éxito Disney y un nuevo escalón para la fama de los Jonas Brothers. De hecho, ya se está preparando la segunda parte de la película mientras la banda cumple con la gira que la tendrá dos meses recorriendo su país. Es que acaban de firmar un multimillonario contrato con Live Nation, la misma productora que organiza las giras de Madonna, Shakira y U2. "He hecho esto durante 35 años, y no recuerdo haber visto nada como ellos. Los vi abriendo el show de Miley [Cyrus] y fue un verdadero caos; como con los Beatles", exageró Bruce Kapp, uno de los responsables de Live Nation. Lo cierto es que no es el único que se sorprende con el carisma Jonas. A su llegada a Londres, el trío revolucionó a las chicas que los fueron a escuchar a teatro lleno y en Nueva York paralizaron el tráfico alrededor de su centro neurálgico, Times Square, cuando se presentaron en el programa de TV Good Morning America. Tal fue el frenesí preadolescente que provocaron queel departamento de bomberos tuvo que intervenir. Ni los propios Jonas lo podían creer. "La situación estaba fuera de control", recordaba Kevin para la revista Rolling Stone un tiempo después de haber visto a una marea de chicas colándose entre las vallas de contención, empujando policías para alcanzarlos. Rock, sí; drogas y sexo, no
Aunque el primer impulso apunta a comparar a los Jonas con otras bandas de muchachos que inspiran suspiros de la platea femenina como The Backstreet Boys, N Sync, Menudo - para poner un ejemplo que fue inmensamente popular en América latina-, lo cierto es que ellos dicen que son otra cosa. Para empezar, componen sus propios temas, participan en la producción de sus discos, tocan instrumentos y no hacen las sincronizadas coreografías que caracterizan a esos grupos. Ellos dicen sentirse más cerca de los hermanos Gibb, de los Bee Gees.
A diferencia de los típicos grupos creados por productores fabricantes de estrellas fugaces, los Jonas no se disfrazan de nada más que de lo que son: adolescentes del siglo XXI. Se visten como sus pares etarios aunque ellos tengan la ayuda de una estilista que diseñó un look distinto para cada uno de los hermanos y que en el caso de Joe y Kevin incluye el uso indiscriminado de la planchita para el pelo. Nick, el menor, por ahora le viene esquivando al lacio. Tal vez porque si no fuera por él y sus rulos los otros todavía seguirían cantando en el coro de la iglesia de Wyckoff, Nueva Jersey, en la que oficiaba su padre.
Es que cuando tenía apenas tres años estaba en una peluquería cantando mientras esperaba para cortarse el pelo y alguien lo escuchó. Esa persona lo recomendó a un representante y pronto el nene estaba en Broadway haciendo papeles en Los miserables , La bella y la bestia y Oliver.
De aquellos principios modestos a este presente de estrellas globales en potencia cuya cara ya aparece cada dos por tres en la TV, en el variado merchandising con su nombre y pronto en el cine, mucho cambió para los hermanos y al mismo tiempo poco lo hizo. Ellos sostienen que no serán otros de esos ídolos que duran apenas un verano, que su sabor durará algo más que el de ese chicle globo con el que se compara a su música de ritmos pegadizos y letras a la medida de la generación de los mensajes de texto y el chateo a la que pertenecen.
En cada entrevistalos muchachos aseguran que aman el rock pero ninguno de sus excesos. De hecho, los tres llevan puesto un anillo "de la pureza", un recordatorio de su decisión de mantenerse vírgenes hasta el matrimonio. Dicen que les encanta trabajar y debe ser cierto porque en los próximos meses, además de la gira, terminarán un nuevo disco, comenzarán a grabar su propia serie de TV, J.O.N.A.S., y hasta publicarán un librocon el detrás de escena de los shows. Con semejante agenda es más probable que los muchachos terminen internados por agotamiento que en un centro de rehabilitación. O tal vez el de ellos sea uno de los pocos cuentos de hadas de Hollywood con final feliz.
1 millón de copias vendidas de su disco Jonas Brothers.
8,9 millones de televidentes vieron su telefilm Camp Rock.
3D es el formato del film que se estrenará en 2009 y fue filmada durante su actual gira.
68.300 copias vendieron en la Argentina de su disco.
3,6 millones de espectadores vieron Camp Rock cuando se exhibió por segunda vez días después del estreno en cable.
12 de agosto es la fecha en la que saldrá en los Estados Unidos su tercer disco, A Little Bit Longer.
70 son las ciudades que recorrerán en su gira actual.
Por Natalia Trzenko De la Redacción de LA NACION

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cyber-bullying incluye el uso de tecnologías de información y comunicación para apoyar deliberada, repetida, y el comportamiento hostil de un individuo o grupo, que está destinada a perjudicar a otros.
Las investigaciones han demostrado una serie de graves consecuencias de la ciber-intimidación victimización. Por ejemplo, las víctimas tienen menor autoestima, el aumento de ideación suicida, y una variedad de respuestas emocionales, están incluidos miedos, Frustrados, enfadados y deprimidos.
El contenido y los efectos de ridiculizar a la ciber-intimidación mensajes son a veces tan fuertes que las víctimas han cometido suicidio. Hay por lo menos cuatro ejemplos en los Estados Unidos, donde cyber-bullying se ha relacionado con el suicidio de un adolescente. Un ejemplo de suicidio de ser una víctima de cyber-bullying es el suicidio de Megan Meier.
En marzo de 2007, el Consejo de Publicidad en los Estados Unidos, en colaboración con el Consejo Nacional de Prevención del Delito, Ministerio de Justicia de EE.UU., y la Coalición de Prevención del Delito de América, se unieron para anunciar el lanzamiento de un nuevo servicio público campaña publicitaria diseñada para educar a los preadolescentes y los adolescentes sobre cómo pueden desempeñar un papel en poner fin a la ciber-intimidación.

Anónimo dijo...

SAN RAMON NONATO

Cardenal. Año 1240.Se le llama Nonato (no-nacido) porque nació después de morir su madre.Ramón significa:"Protegido por la divinidad" (Ra= divinidad. Mon= protegido).

Ella murió al dar a luz. Después de la muerte le hicieron cesárea para que el niño pudiera nacer. San Ramón nació en Cataluña, España, en 1204. Muy joven entró en la Congregación de Padres Mercedarios que se dedicaban a rescatar cautivos que los mahometanos habían llevado presos a Argel. Lo recibió el mismo San Pedro Nolasco, fundador de la Comunidad.

Pocos años después de haber entrado de religioso fue enviado con una gran cantidad de dinero a rescatar a los católicos que estaban esclavizados por los musulmanes en Africa. Allá gastó todo el dinero en conseguir la libertad de muchos cristianos y enviarlos otra vez a su patria, de donde habían sido llevados secuestrados por los enemigos de nuestra religión.

Cuando se le acabó el dinero se ofreció el mismo a quedarse como esclavo, con tal de que libertaran a algunos católicos que estaban en grave peligro de perder su fe y su religión por causa de los atroces castigos que los mahometanos les infligían.

Como entre los musulmanes está absolutamente prohibido hablar de la religión católica, y Ramón se dedicó a instruir en la religión a sus compañeros de esclavitud y aun hasta a algunos mahometanos, le dieron terribles tormentos y lo azotaron muchas veces hasta dejarlo casi muerto. Y al fin, como no se callaba, le amarraron la cara a una correa a la cual le echaron candado, para que no pudiera hablar, y no abrían el candado sino cuando iba a comer.

El jefe musulmán, con la esperanza de que Ramón volviera a España y le llevara más dinero para rescatar cristianos, lo dejó en libertad. Pero se dedicó a hablar de nuestra religión a cuantas más personas podía. Esto hizo arder en cólera a los mahometanos y lo volvieron a encarcelar y a atormentar. Al fin San Pedro Nolasco envió a algunos de sus religiosos con una fuerte suma de dinero y pagaron su rescate y por orden de sus superiores volvió a España.

Como premio de tantos heroísmos, el sumo Pontífice Gregorio IX lo nombró Cardenal. Pero San Ramón siguió viviendo humildemente como si fuera un pobre e ignorado religioso.

El Santo Padre lo llamó a Roma para que le colaborara en la dirección de la Iglesia, y el humilde Cardenal emprendió el largo viaje a pie. Pero por el camino lo atacaron unas altísimas fiebres y murió. Era el año 1240. Apenas tenía 36 años. Pero había sufrido y trabajado muy intensamente, y se había ganado una gran corona para el cielo.

A San Ramón le rezan las mujeres que van a tener un hijo, para que les conceda la gracia de dar a luz sin peligro ni tormentos.

juana eppens